La soja se mantiene como uno de los principales motores del desarrollo rural paraguayo, no solo por el volumen que genera en las zonas productivas, sino también por el movimiento económico que produce alrededor de las comunidades. Su cadena involucra a productores, transportistas, acopiadores, empresas de servicios, industrias y comercios, generando actividad e ingresos en distintos puntos del país.
El cultivo también viene ampliando su participación entre pequeños y medianos productores, especialmente en zonas donde las familias encuentran en la agricultura mecanizada una alternativa para mejorar sus ingresos y sostener la actividad de sus fincas. En departamentos como Canindeyú, productores con superficies reducidas incorporaron la soja junto con otros rubros, aprovechando la tecnología y el acceso a mercados para fortalecer su producción.
El impacto de la soja trasciende además la producción primaria y representa una importante fuente de divisas para el país. Durante el primer semestre de 2026, las exportaciones de soja en grano alcanzaron 5,89 millones de toneladas por un valor de USD 2.273 millones, mientras que al incluir aceite y pellets, el complejo sojero generó USD 2.978 millones, consolidando su aporte al ingreso de recursos provenientes del exterior.
A este movimiento se suma el crecimiento de la industrialización, que permite generar mayor valor a partir de la producción nacional y abastecer a otras cadenas agroindustriales. Los derivados de la soja son utilizados como insumos para sectores como la producción avícola, porcina y láctea, por lo que el desempeño del cultivo termina repercutiendo en una amplia parte de la actividad productiva.
El desarrollo de la agricultura también impulsa la incorporación de tecnología, mejores prácticas y nuevas herramientas para aumentar los rendimientos, elementos que permiten aprovechar de manera más eficiente las tierras disponibles y mejorar la competitividad de los productores. Esta evolución contribuye a que la actividad agrícola tenga un mayor impacto sobre las economías de las comunidades donde se desarrolla.
Para la campaña 2026/27 se proyecta una superficie de alrededor de 3,6 millones de hectáreas y una producción que podría superar los 12 millones de toneladas, manteniendo a la soja entre los principales productos del país. Con estos niveles, el cultivo seguirá generando actividad en el campo, movilizando servicios, inversiones y empleo, además de aportar una importante cantidad de divisas a la economía paraguaya.