La Unión de Gremios de la Producción (UGP) pidió acelerar las obras de infraestructura necesarias para enfrentar el impacto de El Niño, con especial atención en caminos rurales, puentes y sistemas de drenaje. El gremio considera que el principal riesgo para el sector productivo no está solamente en el exceso de lluvias, sino en las dificultades que pueden surgir para trasladar la producción hacia los centros de comercialización.
El presidente de la UGP, Héctor Cristaldo, planteó anticipar los trabajos de mantenimiento antes de que se intensifiquen las precipitaciones. La limpieza de alcantarillas, drenajes y cajas de agua, además de la reparación de caminos rurales, aparece entre las principales medidas para reducir las pérdidas durante los meses de mayor lluvia.
La preocupación alcanza especialmente a los productos perecederos, como frutas y hortalizas, que pueden perderse si los productores no consiguen trasladarlos a tiempo. También la actividad lechera, porcina y ganadera depende de caminos transitables para movilizar animales, leche, alimentos e insumos. En el Chaco, las inundaciones incluso pueden dejar aisladas a comunidades y dificultar el abastecimiento de productos básicos.
La UGP también planteó aprovechar la información meteorológica para ajustar las decisiones de manejo y reducir riesgos. Entre las recomendaciones figura adelantar la siembra de soja cuando las condiciones del suelo lo permitan y mantener en buenas condiciones las estructuras destinadas al manejo del agua. Estas medidas buscan evitar que las lluvias se conviertan en un problema mayor para los cultivos.
Pese a los riesgos, el gremio considera que un escenario de lluvias moderadas puede resultar favorable para la producción agrícola. Cristaldo señaló que, en términos productivos, un año con El Niño suele generar mejores condiciones que uno marcado por La Niña, siempre que las precipitaciones no sean excesivas. La preocupación pasa, por tanto, por prepararse para los extremos y aprovechar el agua cuando las condiciones sean favorables.
El comportamiento climático ya comenzó a generar dificultades en algunos cultivos. La cosecha de maíz avanza con problemas debido a la elevada humedad y en determinadas zonas ya se reportan efectos sobre la calidad del grano. El trigo, en cambio, presenta un buen desarrollo, aunque los productores siguen atentos a las lluvias de cara a la cosecha prevista para finales de agosto y septiembre.
El sector también llega a esta etapa con una situación financiera que limita su margen de maniobra. La producción viene de una buena cosecha en volumen, pero los bajos precios internacionales redujeron la rentabilidad esperada. Además, productores de distintas zonas todavía arrastran deudas generadas por la sequía de 2022, mientras que algunas regiones de San Pedro, Canindeyú y el oeste y noroeste de Caaguazú acumulan hasta cuatro campañas afectadas por condiciones climáticas adversas.
El fenómeno podría presentarse desde finales de agosto y prolongarse durante los primeros meses de 2027, según las proyecciones oficiales. Ante este escenario, la preparación de la infraestructura productiva adquiere especial importancia para evitar que una mayor disponibilidad de agua termine afectando la salida de granos, alimentos y productos pecuarios.