La producción de maíz mantiene perspectivas de crecimiento para la campaña 2026/27, impulsada principalmente por una mayor superficie sembrada y por el avance de la demanda interna. StoneX Paraguay proyecta una cosecha de 5,73 millones de toneladas, por encima de los volúmenes registrados en los últimos años.
La principal modificación para el próximo ciclo estará en el área de siembra, que podría acercarse a 1 millón de hectáreas. El crecimiento de la industria del etanol y el mayor consumo de maíz para la elaboración de raciones destinadas a la producción animal están generando una demanda más firme y mejores condiciones para ampliar la superficie del cultivo.
En la campaña 2026, los rendimientos finales superaron las previsiones iniciales en varias zonas productoras. Alto Paraná, especialmente en el norte del departamento, y Canindeyú registraron algunos de los mejores resultados, lo que permitió ajustar al alza las estimaciones de productividad.
La calidad del grano fue uno de los principales puntos de preocupación durante el desarrollo de la campaña debido a las condiciones climáticas. Sin embargo, los resultados de la cosecha mostraron que los problemas fueron menores a los previstos inicialmente y no afectaron de manera significativa la capacidad exportadora del país.
Se registraron casos puntuales de cargas con niveles de granos dañados superiores a los parámetros habituales exigidos por el mercado brasileño, pero estos episodios representaron una proporción reducida de la producción. En términos generales, el desempeño de la cosecha permitió sostener las perspectivas comerciales del cultivo.
Para 2026/27, la combinación de mayor superficie y una normalización de los rendimientos permitirá sostener una producción elevada. La proyección de 5,73 millones de toneladas refleja además el creciente peso que adquiere el maíz dentro de la agricultura paraguaya.
El aumento de la demanda interna marca una diferencia frente a ciclos anteriores. El crecimiento del etanol genera un nuevo destino para el grano, mientras la producción de carne y otras actividades pecuarias incrementan el consumo para alimentación animal. Esta mayor integración entre agricultura, ganadería e industria energética fortalece las perspectivas de crecimiento del cultivo.